martes, 30 de agosto de 2011

Oscura atracción.



Su presencia a través de la oscuridad me hipnotizaba. Estaba cayendo al vacío en una espiral de picardía y prudencia que no sabía a dónde me iba a llevar. Sólo tenía permitido sentir. Sentir su respiración a dos palmos de mi cuerpo. Casi que hubiese sentido el calor de su cuerpo desnudo si sólo me hubiese acercado un poco más. Estaba extasiado de imágenes e intenciones que sonaban en mi mente como una estampida.

El traqueteo del Sol sobre la persiana de aquella habitación me estaba encendiendo como a una cerilla. De hecho estaba a punto de perder la cabeza. Era cuando podía ver sus piernas, su espalda… estaba a punto sacar a mi salvaje a rebuscar por todo su cuerpo. Las imágenes en mi cabeza iban por delante de mi imaginación. La tentación me pisaba los talones. A punto estaba de dejar la huella de mis dientes en su cuello, dejar correr mis garras por su espalda y darle una pequeña porción de la ira y el placer que sólo yo podría ofrecerle.

Pero sólo tenía permitido sentir. Sentir sin tocar.

jueves, 19 de mayo de 2011

I just wanna have fun!

Huele a polvo en estos parajes. Dulce aroma envolvente con el mismo gancho de tu primer beso en mi labio. Aroma que me muerde la sonrisa a boca abierta. Tan fresco como el tacto de mi espalda sobre el gotelé y tan complicado como el broche de tu cinturón. Y ahora que tu lengua ya ha raspado por todo mi cuerpo, ésta se interesa por darle la vuelta a mi cuello. Ay, yo lo que quería era amar sin decir "te quiero".

Retales de epicardio.

Me pierdo con facilidad en los silencios. Se hacen mayores a mí. Eran en esas situaciones cuando me hubiese gustado apretar tu mano fuerte. Sentir como tus dedos enlazaban con los míos creando un lenguaje no verbal que me encantaba practicar continuamente. A veces, me hubiese gustado mirar a tus ojos, mirar a través de ellos el universo y decir: “Claro que creo en Dios, lo tengo aquí delante”. Me hubiese gustado ponerme muy cerca de ti y haberte dicho 4 cosas que me llevan chirriando por la mente. Pero, ¿sabes lo que te digo? Que lo que más deseaba era hacer el amor contigo, no follar como ya tenía por costumbre. Yo lo que quería era plasmar las leyes de mi corazón sobre tus labios y sobre tu cuerpo entero. Y no sólo una vez, sino una y otra hasta consumirme. Forrar tu piel entera con la mía durante horas y días, y que cada parte de tu cuerpo tuviese mi nombre.

jueves, 28 de abril de 2011

Bad paradise.

Abrió los ojos rogando al cielo. Su cuerpo se postraba ante el suelo con las rodillas ensangrentadas del arduo peregrinaje con una maleta a su lado.

Él estaba allí, no sabía ni desde cuándo ni el por qué. No era un sitio nuevo, ese paisaje rocoso ya era conocido. Ya sabía que es lo que tenía que hacer. Así que siguió los pasos de siempre: Se levantó con arena entre sus dedos, se puso en pie, cogió la maleta y cargó con las grandes rocas de su alrededor, metiéndolas en la maleta. Sus pequeñas manos cargaban con el gran peso de esas rocas, que le desgarraban los dedos y le dejaban magulladuras que pasarían a cicatrizar con los mares de sus ojos. Tras terminar, cerró la maleta con el baile que la debilidad le marcaba sobre sus manos y, como si el corazón le cosiera, la cerró entre sollozos. Cavó durante días y noches continuamente hasta llegar a los infiernos y empujó su lastre, perdiéndolo de vista. Y entonces, con el corazón en un puño, salió tambaleándose de ese sitio pensando que nunca volvería a pisar las pisadas que dejaba en la arena.

Ay, pobre. No era consciente de que la tierra tiende a moverse dejando grietas, tan profundas como para dejar a los infiernos soltar sus almas devolviendo a cada uno sus penas.

miércoles, 20 de abril de 2011

El envés de mi corazón

A las 04:22 me hallaba bajo un cielo semiestrellado de neón de tonalidades azul y marrón mientras me debatía a mí mismo. En sofás de antaño volví a morir por enésima vez. Morí en el acto en el que me encontré con otro ‘yo’ que habita conmigo y que de vez en cuando me tropiezo por los pasillos de mi mente moribunda.

De vez en cuando una vibración recorre mi cuerpo en toda su extensión y no sé si es el rugir de la desesperación del corazón en un último intento de lanzar un mensaje a un dios superior que esté dispuesto a escucharme o simplemente es esta rutina que me tiene atado de pies y manos que retumba por cada célula de mi cuerpo. La cosa es que ando perdido, bastante tiempo ya, y no sé si debo encontrarme en mis estallidos o encontrarme en mis silencios. No sé si algún día volveré a encontrarme o si puedo hacerme inmune a este sentimiento que me ancla al fondo de un mar de las tierras perdidas de un planeta que sólo conozco yo.

A las 04:22 parte de mí quedó entre esos sofás pensando que todo es razón de algo y es cuando me vuelvo a hacer más permeable a la saliva de la lengua que lame las esquinas de mi corazón, de mi talón de Aquiles, de mi centro de gravedad.




A esto tengo que darle vida YA!

martes, 15 de febrero de 2011

Vinilo quebrado.

Desempolvado viejos vinilos y haciéndolos tocar como si nunca hubiese pasado la aguja por ellos. Volver a hablar de temas ya pasados con el encanto con el que se recibieron por aquellos tiempos. Y con ese mismo encanto sus notas acariciaron todo su cuerpo levantando una legión de melancólica ternura que le comía el corazón a cucharadas.

Realmente, él quería fundirse con el rojo de sus labios que, aunque a fuego le marcasen, el placer era inigualable. Él quería un roce al ras de su oreja y la fuerza de su voz desplegando en su mente pilares de acero. Ese ansia tan fuerte que sentía por su aliento en su oído no podía dejar de sonar como un martillo golpeando su paciencia, corrompiéndola sin piedad.

Él quería crear una melodía de explosivos ritmos y el resultado fueron melodías de esperanzas astilladas y acordes de frustraciones que encarnaban el inusual grito de eso que la gente suele llamar corazón.

martes, 25 de enero de 2011

Lalala :D


Hoy solo en casa, comiendo helado de dulce de leche y chips-a-hoy no se ve tan mal la vida. Por hoy, mi espalda ha aprendido a crear un iceberg solar. Por hoy, mi mirada encogida en estos minúsculos zapatos ha sabido salir.
Así que, señor: Póngame otro helado, pero este con sabor a felicidad tonta y fugaz, que quiero repetir.