domingo 4 de diciembre de 2011

Me gustas tal y como hieres.

Me gustas tal y como hieres porque así es como mejor te siento. Porque así me entras fuerte y directo. Como aire enfurecido que pega portazos por todos los lugares de mi cuerpo, creando terremotos por mi carne, oleadas por mis venas y tormentas en mi mente. Se me vuelven las intenciones de barro, las ideas se me encienden. Muero a pasos pequeños y esbozo sonrisas ingenuas. Caigo sobre tus rodillas y caigo en un paraíso de cartón-piedra.
Me gustas tal y como hieres, porque me has enseñado que es la única forma de la que puedes entrar en una persona.

martes 1 de noviembre de 2011

Azul.


    - A ver, te voy a marcar mi cuerpo con este rotulador azul de aquí -señaló él- por donde quiero que pases. Voy a marcar aquí -señaló su cuello- porque me vuelve loco el escalofrío que me dan los pinchazos de tu barba. Voy a marcar también el hombro, para que lo beses como sueles hacer después de follar. Y también este pezón de aquí también, y lo harás… bueno, ya sabemos cómo. 
   - Ay dios! Hahahaha
   - Cállate y no te rías, tarugo.
   - Vale, hahaha. Vale!
   - ¿Por dónde iba? Ah, sí. Aquí, en la barriga también, con tus deditos mientras me haces cosquillas. Y aquí por que no –dijo pintándose la parte interior de los muslos- así para arriba, con ansias. Un poco más de azul por aquí –se relamía. Y también esta parte… y esta, esta, esta, esta, esta y esta. Ah! Y esta.
   - Oh dios! Eres un pitufo!
   - Cállate y cómeme entero.




Bucle sin fin.


Hoy mi orgullo te castiga, te margina, te pone una cruz en la frente y un punto final a tu lengua, la inquieta por lamerme las esquinas de cada rincón de mi mente.
Hoy mi orgullo te castiga, porque te lo mereces. Por cansarse de reverenciar a un dios sin piedad que patea corazones para dejar clara su existencia.
Hoy mi orgullo te castiga, para mañana volver a preguntarme por tu nombre y empujarme al oscuro infierno de tus pupilas.


domingo 16 de octubre de 2011

Ansia.


Con esta atracción fatal que llevamos gastando tengo varias opciones:

Comerte con las ansias que te tengo.

Torturarte hasta desgastarte

... O bien ambas a la vez.


viernes 14 de octubre de 2011

Escarcha del corazón.


A veces me pregunto si llegará a ser posible que tu olor se vaya de mi piel y tu piel de mi deseo. Que el deseo me lo provoquen otras manos con intención de hacerme sentir de verdad. Y que sentir de verdad no esté atado a ti. Porque atar mi mente a ti es atar mis pies a las profundidades de tu océano de ambigüedad y morir a la sombra de mi incertidumbre.  




miércoles 12 de octubre de 2011

Casi perfecto.


Hoy recuerdo tu habitación y la tengo al borde del tacto. Entrar allí era viajar al recoveco de tu mente que sólo tenías reservado para ti. Entrar allí era desnudarte y penetrar en las profundidades de tu mente tan inquieta.

Allí tus manos fluían por las mías, se entrelazaban y tocaban las cuerdas de tu guitarra. Tu respiración sobre mis hombros. Tu risa tosca.

Allí la música creaba el ambiente que sólo allí existía. Esa música que ha quedado impregnada de tu esencia y tu memoria.

Allí fantaseábamos en tu cama. Tirados bocarriba como si estuviésemos esperando un choque de constelaciones. Mientras, tus labios se desdoblaban de esa ilusión de crío aún inocente. Allí comprendía el por qué tenías que ser tú.

Allí mis cinco sentidos se encendían. Te desnudaba hasta la saciedad de forma repetitiva y obsesiva. Hasta morir extasiado.

Hoy recuerdo tu habitación y me pierdo en la inmensa felicidad que me daba abrir un capítulo en “nuestra” historia cada vez que entraba allí.


sábado 8 de octubre de 2011

Cercanía lejana.

A veces la veo de reojo. A veces se esconde, pero está allí.

Está allí, alejada de las demás. Sus railes ya no recuerdan lo que era que un tren pasara sobre ella como una apisonadora y la hiciese sentir útil. No recuerdan las chispas de las ruedas sobre ella ni el calor que le infundía. Lleva años, e incluso parecen siglos, viendo trenes pasar. Todos los días, a todas horas, durante todo el año. Los lleva viendo siempre pero siempre desde lejos. Creo que si pudiese hablar, sus palabras se cargarían de un férreo silencio que pesaría tanto que podría partirle los tobillos a cualquiera. Bueno, en verdad creo que sí que habla, y solloza, chilla y ríe a veces, pero nadie puede escucharla. El ruido de los demás trenes la han dejado aparentemente muda.

A veces la veo de reojo, y algo me dice que durante muchísimo tiempo seguiré viéndola allí, retirada de las demás con hebras soledad correteando entre sus railes.