sábado, 2 de junio de 2012

Inercia astillada.


Cae como arena peleando entre los dedos, cae atenuando su luz luchando contra la gravedad. Cae huyendo del suelo, queriendo, impotente, despegar de nuevo hacia las alturas como un cohete intentando estar por encima de las nubes y bailar entre astros, como antes. Cae en un grito frío y mudo, en un astillado llanto.

Cae en virtud de una inercia que ni el tiempo puede parar. Se desliza cortando el aire y cae como una gota sobre un océano para no volver a ser avistada, para fundirse con él y huir siguiendo sus corrientes en busca de otros paraderos,
ser rescatada por las nubes y bañar la nariz
de alguna otra persona.

jueves, 26 de abril de 2012

Cuentos para no dormir.


Hay algo aquí a parte de mí. Pero no es más que el silencio de esta noche. Arrópame contigo y ánclate a mi piel. Arrópame contigo y apriétame para poder sentir algo.

Bajo la ingenua luz de una lamparilla, hoy no soy más que el reflejo desdibujado de algo que solía ser, clavado en una de las esquinas de mi cama. Arrinconado probando el frío de la pared, que aun así no llega a ser tan fría y tan inflexible como tú.

Los suspiros se solapan con miradas que vuelan como golondrinas hacia el cielo y se funden con la oscuridad. Buscan por el techo algún tipo de compresión de estas cuatro paredes.

No soy más que el resto de alguien encerrado bajo llave en una desesperación que me parte el pecho por querer ver pasar el tiempo y verme en él arrastrado en su corriente. Arrastrado hacia las desembocaduras de esta necesidad exponencial de obtener respuestas.

jueves, 15 de marzo de 2012

La sensatez muere bajo la puerta de mi habitación.


Sé que no debería. Que no tendría que estar haciendo esto ahora mismo. Sé que si te toco no podré parar. Sé que si me buscas me vas a encontrar. Y me vas a encontrar con ganas.

No quiero que dejes tu abrigo en la percha si el resto de tu ropa no va a vestir el suelo. No te acomodes en el sillón si luego no lo vas a hacer sobre mí. Y no me mires con esos ojos si no quieres encenderme, porque prometo que tengo perversión por mi sangre y sé cómo corromperte con ella.

Tu presencia en esta habitación me pasa por encima como un tren apisonando las vías hacia ti. Quiero que las palmas de mis manos conozcan el dorso de las tuyas. Que tu espalda disfrute de mi pecho. Y tu oído de mi aliento.

Es cierto que no debería estar pensando en esto, pero la moral y la sensatez mueren bajo la puerta de mi habitación. Así que ni tú vas a parar ni yo voy a hacer lo que debería.

sábado, 21 de enero de 2012

A la sombra de tus zapatos.



A la sombra de tus zapatos se ven las cosas de otra forma. 
Hoy, desde aquí, tocas el Sol sin esfuerzo. Lo pruebas, repites, te relames y saboreas. Y sin terminar, otra estrella ya está entrando en tu órbita. 

Vives por encima de las estrellas fugaces y las auroras boreales. Tú has nacido para bañarte entre constelaciones y no explotar como dinamita, sino como guerras entre supernovas. Has nacido para destacar, para comerte el mundo y galaxias lejanas. 

Mientras tanto, yo suplicaré por las gotas de lluvia sobre mis mejillas, llenarme de barro hasta las rodillas, sentir el frío en mis manos y todas esas cosas insignificantes para ti para, así, sentirme 
algo más vivo.