Sé que no debería. Que no tendría que estar haciendo esto
ahora mismo. Sé que si te toco no podré parar. Sé que si me buscas me vas a
encontrar. Y me vas a encontrar con ganas.
No quiero que dejes tu abrigo en la percha si el resto de tu
ropa no va a vestir el suelo. No te acomodes en el sillón si luego no lo vas a
hacer sobre mí. Y no me mires con esos ojos si no quieres encenderme, porque
prometo que tengo perversión por mi sangre y sé cómo corromperte con ella.
Tu presencia en esta habitación me pasa por encima como un
tren apisonando las vías hacia ti. Quiero que las palmas de mis manos conozcan
el dorso de las tuyas. Que tu espalda disfrute de mi pecho. Y tu oído de mi
aliento.
Es cierto que no debería estar pensando en esto, pero la
moral y la sensatez mueren bajo la puerta de mi habitación. Así que ni tú
vas a parar ni yo voy a hacer lo que debería.