jueves, 28 de abril de 2011

Bad paradise.

Abrió los ojos rogando al cielo. Su cuerpo se postraba ante el suelo con las rodillas ensangrentadas del arduo peregrinaje con una maleta a su lado.

Él estaba allí, no sabía ni desde cuándo ni el por qué. No era un sitio nuevo, ese paisaje rocoso ya era conocido. Ya sabía que es lo que tenía que hacer. Así que siguió los pasos de siempre: Se levantó con arena entre sus dedos, se puso en pie, cogió la maleta y cargó con las grandes rocas de su alrededor, metiéndolas en la maleta. Sus pequeñas manos cargaban con el gran peso de esas rocas, que le desgarraban los dedos y le dejaban magulladuras que pasarían a cicatrizar con los mares de sus ojos. Tras terminar, cerró la maleta con el baile que la debilidad le marcaba sobre sus manos y, como si el corazón le cosiera, la cerró entre sollozos. Cavó durante días y noches continuamente hasta llegar a los infiernos y empujó su lastre, perdiéndolo de vista. Y entonces, con el corazón en un puño, salió tambaleándose de ese sitio pensando que nunca volvería a pisar las pisadas que dejaba en la arena.

Ay, pobre. No era consciente de que la tierra tiende a moverse dejando grietas, tan profundas como para dejar a los infiernos soltar sus almas devolviendo a cada uno sus penas.

miércoles, 20 de abril de 2011

El envés de mi corazón

A las 04:22 me hallaba bajo un cielo semiestrellado de neón de tonalidades azul y marrón mientras me debatía a mí mismo. En sofás de antaño volví a morir por enésima vez. Morí en el acto en el que me encontré con otro ‘yo’ que habita conmigo y que de vez en cuando me tropiezo por los pasillos de mi mente moribunda.

De vez en cuando una vibración recorre mi cuerpo en toda su extensión y no sé si es el rugir de la desesperación del corazón en un último intento de lanzar un mensaje a un dios superior que esté dispuesto a escucharme o simplemente es esta rutina que me tiene atado de pies y manos que retumba por cada célula de mi cuerpo. La cosa es que ando perdido, bastante tiempo ya, y no sé si debo encontrarme en mis estallidos o encontrarme en mis silencios. No sé si algún día volveré a encontrarme o si puedo hacerme inmune a este sentimiento que me ancla al fondo de un mar de las tierras perdidas de un planeta que sólo conozco yo.

A las 04:22 parte de mí quedó entre esos sofás pensando que todo es razón de algo y es cuando me vuelvo a hacer más permeable a la saliva de la lengua que lame las esquinas de mi corazón, de mi talón de Aquiles, de mi centro de gravedad.




A esto tengo que darle vida YA!