sábado, 31 de octubre de 2009

Felicidades.

Tan simple como unos cuantos bailes de tu mano armada y borbotones de sangre explotan salpicando e inundando el suelo. El revolucionario rojo se expande a lo largo de la eterna calma. Mientras tanto, te mantienes moribundo al ras del suelo sintiendo la paz que tanto ansiabas. Te sientes relajado, satisfecho contigo mismo. Ves como la vida se te va literalmente. Es una sensación agradable y de liberación. Te invade la tranquilidad y el placer. Llegaste a encender la chispa que te llevó a ello y a reunir el valor suficiente como para hacerlo.

En esa elegante agonía en la que te encuentras los recuerdos se te hacen agradables. Recuerdas el por qué llegaste a esto, las continuas crisis emocionales que fuiste sufriendo a lo largo de los últimos meses que culminaban con esto. Atrás quedaron grandes momentos: esa felicidad que considerabas perpetua, que de la noche a la mañana murió a manos de la ausencia. Recuerdas tu maduración, tu superación personal, tu superación social, tu auto-aceptación, cuando rompiste parcialmente con tu pasado que hacía crecerte exponencialmente y los malos momentos, pocos, quedaban en un trasfondo opaco. El cambio, el miedo al cambio. Los tiempos revueltos, quizá la peor época de tu vida, ocultación, caprichos, el verano aquel que te marcó, un mínimo crecimiento personal, una decadencia ligera… cambios, rebeldía inocente, accidentes, aceptación y vuelta a los cambios. Detrás de eso sólo quedaban vagos recuerdos que te parecían escalofriantemente felices.

Y recordando esos tiempos con tus últimas bocanadas de aire sigues preguntándote cómo aquel niño inocente ha terminado así, agonizando, pálido y frío tirado contra el suelo. Aquella persona cargada de vitalidad se ha ido desgastando. La voluntad, la felicidad, el afecto… todo murió. Te cansaste de dar siempre en grandes cantidades y recibir insignificantes dosis.

Pierdes la fuerza, los sentidos merman, la respiración se hace menos común y más lenta y costosa. Los planes de una nueva superación y total liberación murieron junto con tu cuerpo. Ya se acabó todo, ya estás satisfecho y feliz. Felicidades.

viernes, 23 de octubre de 2009

Fin de la caverna.

La inocencia murió aplastada por el titán de la crueldad y la malicia. Está visto que en esta vida se aprende a base de tortazos, y así he crecido. Cuando antes un golpe venía por sorpresa y dañaba hasta pedir clemencia, ahora se ven a cámara lenta, podría encenderme un cigarrillo y esquivarlo, sin el menor reparo.

Las cosas ahora se ven desde otro prisma. Donde antes se desplegaba los siete colores del arco iris ahora se divisan tonos oscuros y matices de grises. Ahora veo mejor a esta sociedad que apesta y aplaude los malos actos. Y no es ninguna novedad que diga que la mayoría se esconden tras su máscara de simpatía y felicidad

La vida me ha hecho pensar de forma más retorcida y se mide con el refrán de “piensa mal y acertarás”, que ha acertado en el 90% de los casos. Incluso he llegado a pensar sobre la real existencia de la gente de verdad…

miércoles, 14 de octubre de 2009

You lose.

Con los pies enterrados bajo el barro y el agua a la altura del cuello. La sensación de incertidumbre invade tu cuerpo. No hay otro ruido a tu alrededor que el latir de tu corazón a tal velocidad que el desastre que ocurre a tu alrededor parece ir tres veces más lento de lo normal y tres veces más excitante.

Te hayas ahí, en el borde de un abismo. Sabes que si saltas no hay vuelta atrás. Te resistes, pareces convencerte, adelantas, das dos pasos atrás, coges carrerilla y te quedas al filo… Abres los ojos y tienes delante tuya al sujeto que te ha hecho pasar tan buenos momentos.

Sus palabras las corta tu imaginación, que se ha convertido en un arma mortal al unirse con tu inseguridad y tu miedo, y caen al suelo en picado rompiéndose en miles de pedacitos de recuerdos a los que algún día recurrirás para atormentarte una y otra vez.

El miedo o la prudencia vuelven a ganarte. You lose.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Contención.

Y entonces fue cuando comprendí que yo era quien marcaba mis fronteras. Fronteras que me asfixian y actúan sobre mi cargándome el pecho y dejándome sin respirar. Tomar una bocanada de aire es lo que me hace falta, sentir como el aire entra en los pulmones y sentir la tranquilidad de pensar “mira, voy a durar un poco más”.

Soy un rio cargado de potentes tempestades y contenido en su pequeño caudal, que está a punto de desbordarse inundado países lejanos, rompiendo horizontes, fronteras, límites…

Y el día que rompa, podré respirar a gusto, no me importarán los peces, trocitos de madera y demás mierdas que arrastre con mi corriente…

lunes, 21 de septiembre de 2009

Quizás, sólo quizás...

Quizás, sólo quizás, necesito ver en tu cara una sonrisa de oreja a oreja y que abarque y explote mis sentimientos más hundidos en lo más profundo de mi ser. Que tu resplandor pueda eliminar todo rastro de oscuridad en mente.

Quizás, sólo quizás, necesito una pelea por ser el primero en llegar a la ducha mientras que el otro se queda con el rencor de abrir el grifo del agua caliente, y que sin duda su venganza estará al caer de inmediato.

Quizás, sólo quizás, lo que ahora mismo necesita mi etéreo cuerpo es despertarse de madrugada y sentir el cosquilleo de tu respiración en mi nuca. Es tu calor corporal abrazando cada lugar de mi cuerpo, asegurando mi pervivencia mental.

Quizás, sólo quizás, te necesito a ti…

sábado, 8 de agosto de 2009

Atracción.

Y allí, inmutable, permanecía en la penumbra de la habitación. Su mirada era fuerte, intensa y profunda. En aquel momento me dominaba totalmente. En aquel sillón parecía creerse superior a cualquier persona del mundo y más se crecía al ver que mi mirada no podía combatir contra la suya, que a los pocos segundos caía en picado hacía al suelo. Rompía con la lógica preestablecida, pero ahí estaba… esa pose imponente que mostraba toda su sensualidad y atracción.

En aquellos momentos sabia que el roce del su mano deslizándose por mi cara y continuando su recorrido a lo largo de mi brazo, provocaría un agradable escalofrío a lo largo de mi cuerpo, levantando cada vello de mi cuerpo cual legión obediente.

En aquellos momentos mi imaginación crecía exponencialmente, crecía y crecía. No se contenía en mi cuerpo y salía disparada como miles de cohetes de colores recorriendo lugares del universo al que el hombre ni cualquier otro ser llegó.

En aquellos momentos sus labios estaban tan cerca de los míos que el deseo superaba a cualquier preocupación. La muerte, el hambre, la pobreza… todo se eliminó automáticamente de mi mente y el único objetivo de mi vida y mi único deseo eran esos labios que en voz baja me susurraban: tranquilo… ya estoy aquí, no estás sólo…

Tras esa frase quedaba una noche encerrados entre las blancas sabanas de aquella habitación, en las que en ese momento, el tiempo y el espacio desaparecieron y lo único que quedaba en el mundo era aquel cuerpo reposando sobre la cama en profundo sueño, con una sonrisa inconsciente en su cara, y el mío a su lado, con el pensamiento noctámbulo de lo que eso significaba para mí...