Y allí, inmutable, permanecía en la penumbra de la habitación. Su mirada era fuerte, intensa y profunda. En aquel momento me dominaba totalmente. En aquel sillón parecía creerse superior a cualquier persona del mundo y más se crecía al ver que mi mirada no podía combatir contra la suya, que a los pocos segundos caía en picado hacía al suelo. Rompía con la lógica preestablecida, pero ahí estaba… esa pose imponente que mostraba toda su sensualidad y atracción.
En aquellos momentos sabia que el roce del su mano deslizándose por mi cara y continuando su recorrido a lo largo de mi brazo, provocaría un agradable escalofrío a lo largo de mi cuerpo, levantando cada vello de mi cuerpo cual legión obediente.
En aquellos momentos mi imaginación crecía exponencialmente, crecía y crecía. No se contenía en mi cuerpo y salía disparada como miles de cohetes de colores recorriendo lugares del universo al que el hombre ni cualquier otro ser llegó.
En aquellos momentos sus labios estaban tan cerca de los míos que el deseo superaba a cualquier preocupación. La muerte, el hambre, la pobreza… todo se eliminó automáticamente de mi mente y el único objetivo de mi vida y mi único deseo eran esos labios que en voz baja me susurraban: tranquilo… ya estoy aquí, no estás sólo…
Tras esa frase quedaba una noche encerrados entre las blancas sabanas de aquella habitación, en las que en ese momento, el tiempo y el espacio desaparecieron y lo único que quedaba en el mundo era aquel cuerpo reposando sobre la cama en profundo sueño, con una sonrisa inconsciente en su cara, y el mío a su lado, con el pensamiento noctámbulo de lo que eso significaba para mí...
2 comentarios:
genial vic..♥
wow vic!
Publicar un comentario en la entrada