Y entonces fue cuando comprendí que yo era quien marcaba mis fronteras. Fronteras que me asfixian y actúan sobre mi cargándome el pecho y dejándome sin respirar. Tomar una bocanada de aire es lo que me hace falta, sentir como el aire entra en los pulmones y sentir la tranquilidad de pensar “mira, voy a durar un poco más”.
Soy un rio cargado de potentes tempestades y contenido en su pequeño caudal, que está a punto de desbordarse inundado países lejanos, rompiendo horizontes, fronteras, límites…
Y el día que rompa, podré respirar a gusto, no me importarán los peces, trocitos de madera y demás mierdas que arrastre con mi corriente…
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