Tan simple como unos cuantos bailes de tu mano armada y borbotones de sangre explotan salpicando e inundando el suelo. El revolucionario rojo se expande a lo largo de la eterna calma. Mientras tanto, te mantienes moribundo al ras del suelo sintiendo la paz que tanto ansiabas. Te sientes relajado, satisfecho contigo mismo. Ves como la vida se te va literalmente. Es una sensación agradable y de liberación. Te invade la tranquilidad y el placer. Llegaste a encender la chispa que te llevó a ello y a reunir el valor suficiente como para hacerlo.
En esa elegante agonía en la que te encuentras los recuerdos se te hacen agradables. Recuerdas el por qué llegaste a esto, las continuas crisis emocionales que fuiste sufriendo a lo largo de los últimos meses que culminaban con esto. Atrás quedaron grandes momentos: esa felicidad que considerabas perpetua, que de la noche a la mañana murió a manos de la ausencia. Recuerdas tu maduración, tu superación personal, tu superación social, tu auto-aceptación, cuando rompiste parcialmente con tu pasado que hacía crecerte exponencialmente y los malos momentos, pocos, quedaban en un trasfondo opaco. El cambio, el miedo al cambio. Los tiempos revueltos, quizá la peor época de tu vida, ocultación, caprichos, el verano aquel que te marcó, un mínimo crecimiento personal, una decadencia ligera… cambios, rebeldía inocente, accidentes, aceptación y vuelta a los cambios. Detrás de eso sólo quedaban vagos recuerdos que te parecían escalofriantemente felices.
Y recordando esos tiempos con tus últimas bocanadas de aire sigues preguntándote cómo aquel niño inocente ha terminado así, agonizando, pálido y frío tirado contra el suelo. Aquella persona cargada de vitalidad se ha ido desgastando. La voluntad, la felicidad, el afecto… todo murió. Te cansaste de dar siempre en grandes cantidades y recibir insignificantes dosis.
Pierdes la fuerza, los sentidos merman, la respiración se hace menos común y más lenta y costosa. Los planes de una nueva superación y total liberación murieron junto con tu cuerpo. Ya se acabó todo, ya estás satisfecho y feliz. Felicidades.
4 comentarios:
Realmente tengo que felicitarte y decirte que es increible.
Ya podia venirme a mi la inspiración tan de vezen cuando como a ti, me conformaría con que fuese la mitad de buena ue la tuya... que ya es decir.
Mola bastante tio, asi es como lo veo yo... como una liberación y no como un castigo...
tendriamos que hacer una secta y hacerlo todos colectivamente y cogiditos de la mano... xD
bueno tio, a saber porque habrás escrito estas cosas... tu y tus rayadas eh? jeje
Dani y su suicidios colectivos xDD
Salió del tirón y sin ralladas, en mi cabeza no está la idea de suicidarme :) xDDD
dios...el texto y con la musica de fondo...joder me haces llorar XD
Me ha encantado, algo triste pero bonito.
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