Pienso en el tiempo y le tengo por un caballero de los de
antes, de coraza fuerte y espadas enzarzado en una cruzada. Sumido en una danza
de giros y giros con sus espadas en mano. Sin parar, constante. En una danza
que queda perdida en la infinidad. Y con intentar pararlo lo único que puedes
conseguir es perderte con él y terminar desquiciado tragado por sus giros. Tic, tac, tic, tac.
Su poder es de los de irremediables. Es capaz de separar
tierras vecinas, engullir a cientos de hombres y romper el vínculo más fuerte. En
cambio, a ti… a ti te mantiene en el mismo sitio. Te escapas de su gravedad. Eres
superior a él.
Te mantiene a dos pasos de mí. Los suficientes para
impregnarme de tu olor y no poder tocarte. Suficiente para colarme por el
abismo de tus ojos y no poder salvaguardarme. Suficiente para ansiarte y no
poder disfrutarte.
Y, aunque lo tengo pactado conmigo mismo, que seré
impermeable a tu piel, aun así, será irremediable encontrarte por mi mente en los
días de lluvia, en días en los que los límites de la cama se fundan con el
horizonte y en los sueños en los que me sirva de ti. En los días en los que mi
cuerpo te busque y tú, como siempre, no estés.
"- ¿Y si corazón no fuera más que el aumentativo de la palabra coraza?"

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