El tiempo ha volado.
Ha corrido tan rápido que ha levantado toda la tierra y el polvo del
camino atrás dejado. Y, al mirar atrás, ver algo más allá de sus talones se
hace imposible. Necesario más bien.
Las rodillas desgastadas. La cabeza clavada en algo más
profundo que el suelo. Con las manos se ata a la tierra, intentando fundirse
con ella.
Con polvo en las heridas, camuflándolas, alzando una rodilla
y, finalmente, levantándose entre tambaleos, ya se ha terminado. Los rugidos
que habitaban en el camino pisado han yacido mudos.
Es hora de descubrir nuevas corrientes de agua y nuevos monstruos.
Es hora de empezar de nuevo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario