viernes, 14 de octubre de 2011

Escarcha del corazón.


A veces me pregunto si llegará a ser posible que tu olor se vaya de mi piel y tu piel de mi deseo. Que el deseo me lo provoquen otras manos con intención de hacerme sentir de verdad. Y que sentir de verdad no esté atado a ti. Porque atar mi mente a ti es atar mis pies a las profundidades de tu océano de ambigüedad y morir a la sombra de mi incertidumbre.  




miércoles, 12 de octubre de 2011

Casi perfecto.


Hoy recuerdo tu habitación y la tengo al borde del tacto. Entrar allí era viajar al recoveco de tu mente que sólo tenías reservado para ti. Entrar allí era desnudarte y penetrar en las profundidades de tu mente tan inquieta.

Allí tus manos fluían por las mías, se entrelazaban y tocaban las cuerdas de tu guitarra. Tu respiración sobre mis hombros. Tu risa tosca.

Allí la música creaba el ambiente que sólo allí existía. Esa música que ha quedado impregnada de tu esencia y tu memoria.

Allí fantaseábamos en tu cama. Tirados bocarriba como si estuviésemos esperando un choque de constelaciones. Mientras, tus labios se desdoblaban de esa ilusión de crío aún inocente. Allí comprendía el por qué tenías que ser tú.

Allí mis cinco sentidos se encendían. Te desnudaba hasta la saciedad de forma repetitiva y obsesiva. Hasta morir extasiado.

Hoy recuerdo tu habitación y me pierdo en la inmensa felicidad que me daba abrir un capítulo en “nuestra” historia cada vez que entraba allí.


sábado, 8 de octubre de 2011

Cercanía lejana.

A veces la veo de reojo. A veces se esconde, pero está allí.

Está allí, alejada de las demás. Sus railes ya no recuerdan lo que era que un tren pasara sobre ella como una apisonadora y la hiciese sentir útil. No recuerdan las chispas de las ruedas sobre ella ni el calor que le infundía. Lleva años, e incluso parecen siglos, viendo trenes pasar. Todos los días, a todas horas, durante todo el año. Los lleva viendo siempre pero siempre desde lejos. Si pudiese hablar, sus palabras se cargarían de un férreo silencio que pesaría tanto que podría partirle los tobillos a cualquiera. Bueno, en verdad creo que sí que habla, y solloza, chilla y ríe a veces, pero nadie puede escucharla. El ruido de los demás trenes la han dejado aparentemente muda.

A veces la veo de reojo, y algo me dice que durante muchísimo tiempo seguiré viéndola allí, retirada de las demás con hebras soledad correteando entre sus railes.


viernes, 7 de octubre de 2011

Speechless.


Es mi cama la que se empeña en estar completa.
Son mis brazos los que quieren expandirse por tu cuerpo como hiedra en piedra.
Son mis pies los que quieren entrelazarse con los tuyos.
Es mi aliento el que quiere circular por tu nuca.
Es este sentimiento que me araña el pecho el que quiere respirar a bocanadas.
Es esta garganta deseando deshacerse de sus nudos.
Son estas ganas de saber que estás aquí sólo por mí, que el mañana no importa si no es conmigo y que si no soy yo, no es nadie.
Pero es a mi mente la que no le queda claro que esta marca tuya que tengo tan adentro no es merecedora de estas letras y sentimientos sin nombre, que no te corresponden estos sentimientos, mis noches en vela y mis estridentes silencios. Ni que tus palabras me hagan volar sin papeles ni que me vuelvan los pies de cemento.
Es mi mente la que no tiene claro que esto hace tiempo que tuvo que tener fin.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cosas que te hacen menguar.

Quizás peco de lujuria. Quizás no tanto como aparenta ser, pero por mis venas corretea a su libre albedrío. Pero es por ella que descubro que soy un hierro al rojo vivo que aplasta y/o marca al que deseo. Y me enciende. Me enciendo. Se enciende sin parar y me deja suspendido en una orgía de nebulosas. Pero es cierto que me desenvuelvo en la lascivia y en lo más superficial de tu ser porque en tus profundidades me pierdo, me hago más pequeño y desaparezco en tu grandeza.

martes, 6 de septiembre de 2011

Lascivia negativa.

Tu presencia me quema la piel.
Me devora por dentro, me anula y se traga mis entrañas.
Me descubre. Me rompe.
Me quebranta. Me altera.
Me pincha. Me enciende.
Me lame. Me muerde.
Me eleva. Me inunda.
Me hunde.

Y me mata.

martes, 30 de agosto de 2011

Oscura atracción.



Su presencia a través de la oscuridad me hipnotizaba. Estaba cayendo al vacío en una espiral de picardía y prudencia que no sabía a dónde me iba a llevar. Sólo tenía permitido sentir. Sentir su respiración a dos palmos de mi cuerpo. Casi que hubiese sentido el calor de su cuerpo desnudo si sólo me hubiese acercado un poco más. Estaba extasiado de imágenes e intenciones que sonaban en mi mente como una estampida.

El traqueteo del Sol sobre la persiana de aquella habitación me estaba encendiendo como a una cerilla. De hecho estaba a punto de perder la cabeza. Era cuando podía ver sus piernas, su espalda… estaba a punto sacar a mi salvaje a rebuscar por todo su cuerpo. Las imágenes en mi cabeza iban por delante de mi imaginación. La tentación me pisaba los talones. A punto estaba de dejar la huella de mis dientes en su cuello, dejar correr mis garras por su espalda y darle una pequeña porción de la ira y el placer que sólo yo podría ofrecerle.

Pero sólo tenía permitido sentir. Sentir sin tocar.