sábado 8 de octubre de 2011

Cercanía lejana.

A veces la veo de reojo. A veces se esconde, pero está allí.

Está allí, alejada de las demás. Sus railes ya no recuerdan lo que era que un tren pasara sobre ella como una apisonadora y la hiciese sentir útil. No recuerdan las chispas de las ruedas sobre ella ni el calor que le infundía. Lleva años, e incluso parecen siglos, viendo trenes pasar. Todos los días, a todas horas, durante todo el año. Los lleva viendo siempre pero siempre desde lejos. Creo que si pudiese hablar, sus palabras se cargarían de un férreo silencio que pesaría tanto que podría partirle los tobillos a cualquiera. Bueno, en verdad creo que sí que habla, y solloza, chilla y ríe a veces, pero nadie puede escucharla. El ruido de los demás trenes la han dejado aparentemente muda.

A veces la veo de reojo, y algo me dice que durante muchísimo tiempo seguiré viéndola allí, retirada de las demás con hebras soledad correteando entre sus railes.