martes, 25 de enero de 2011

Lalala :D


Hoy solo en casa, comiendo helado de dulce de leche y chips-a-hoy no se ve tan mal la vida. Por hoy, mi espalda ha aprendido a crear un iceberg solar. Por hoy, mi mirada encogida en estos minúsculos zapatos ha sabido salir.
Así que, señor: Póngame otro helado, pero este con sabor a felicidad tonta y fugaz, que quiero repetir.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Espejismos del pasado.

Aún puedo ver ojos en tus ojos negros.
Miradas que clavadas quedaron en tus pupilas.
Que deseando quedaron presas.
Que ansiando muertas se hallan.

martes, 14 de diciembre de 2010

Resurgir.



Esta vez eres libre de ocupar esta habitación en la que sólo estaremos nosotros. Prometo entregar las llaves de este sitio, dejar espacio entre mis cajones y no dejar mis monstruos bajo la cama. Y es que algo se ha roto dentro de mí y ha cambiado el paisaje que tras la ventana se ve. Por eso, esta vez he prometido que voy disfrutar de los residentes de esta habitación y no desgarrarme por ilusiones de okupas entre estas sábanas. Sólo voy a disfrutar. Es lo único que pienso hacer.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Crush.

Por un momento pensé que los engranajes del destino se habían parado y se habían puesto en orden para que girasen sólo para mí. Creí creer que estaba donde estaba por alguna razón en concreto, que esta era época de recolecta... rebeldes razones a la que me aferré como si el mañana no existiese. Tenía una certeza en ellas... pero barata era, como de costumbre.
Tampoco creo que exigiese mucho, yo lo que quería era sólo un poco de tu irresponsabilidad. Quería compartir la mía contigo también.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Tú contra mí.

Mirada contra mirada y fuego quema desde dentro.
Paso contra paso y el fuego crece y alimenta la indecisión.
Indecisión contra indecisión y la curiosidad nos lanza a un abismo.
Labio contra labio y la indecisión queda decapitada.
Labio contra diente y picardía llevaría por patria y por bandera.
Labio contra cuello y mis demonios me corroen por dentro.
Camiseta contra el suelo y soy avión sin combustible en pleno vuelo.
Espalda contra pared y los caballos de mi lujuria se descontrolan.
Labios contra pecho y mi lengua rompe al ras del labio.
Pecho contra pecho y la moralidad ha muerto.
Espalda contra el suelo y mi travesura demente anda suelta.
Lengua contra lengua y la conciencia ha quedado muda.
Ropa contra suelo, puerta, pared… y mi deseo desea desquiciarme.
Lengua contra cuerpo y mano corre por lo alto al son de tu cabeza.
Cuerpo contra cuerpo y soy placer rebosante.
Cara contra suelo y frío y placer se funden.
Manos contra suelo y el esfuerzo resiste por mantenerse en pie.
Sudor contra gravedad y muero por romper.
Contención contra éxtasis y este suelo que queda muy abajo para mí
Éxtasis contra éxtasis y soy esclavo sumiso y amante del placer.
Suspiro contra suspiro y caída en picado al vacío.
Labio contra cuello y de nuevo en la Tierra.
Sonrisa contra sonrisa y… te quiero.

martes, 17 de agosto de 2010

La piel.


Con la curiosidad como único fundamento, aquel muchacho iba rebuscando entre aquel caos de orden ilógico de montañas de papel. Se paró detenidamente a leer:

“La vida, bastante corta la mía, me ha hecho comprender varias cosas. Cosas que mucha gente no ha llegado a entender en sus largas vidas o que se niegan a entenderlo. Entre ellas la sabiduría de la piel:

La piel admite el tacto, la suavidad y la rugosidad. La piel conoce la temperatura, el contacto con el frío y el calor y su respuesta. La piel conoce la vergüenza, el miedo y el dolor. La piel conoce el ser herido, el poder de regenerarse y el de cicatrizar. Entiende de emociones, de nervios y de excitación. Conoce de colores: rojo, negro, blanco, morado… y de edades. La piel entiende del contacto de la lluvia contra ella, de dedos correteando sobre ella y de barba que pincha. Entiende de pasión, de besos, de mordiscos, de roces, de más piel sobre ella, de complicidad…

Y es cierto que la piel entiende de muchas cosas, yo diría que de la inmensa mayoría. Pero no de todas: da igual cómo sea la piel, ya sea joven o adulta, tersa o flácida, más clara o más oscura. La piel nunca entenderá de sexos.”


El joven, algo aturdido, se giró tras sentir la respiración en su nuca de alguien. Al ver al dueño de tal escrito dijo:
- No lo entiendo, ¿cómo has llegado a saber esto?
A lo que éste contestó:
- Fácil. Apaga la luz.

sábado, 31 de octubre de 2009

Felicidades.

Tan simple como unos cuantos bailes de tu mano armada y borbotones de sangre explotan salpicando e inundando el suelo. El revolucionario rojo se expande a lo largo de la eterna calma. Mientras tanto, te mantienes moribundo al ras del suelo sintiendo la paz que tanto ansiabas. Te sientes relajado, satisfecho contigo mismo. Ves como la vida se te va literalmente. Es una sensación agradable y de liberación. Te invade la tranquilidad y el placer. Llegaste a encender la chispa que te llevó a ello y a reunir el valor suficiente como para hacerlo.

En esa elegante agonía en la que te encuentras los recuerdos se te hacen agradables. Recuerdas el por qué llegaste a esto, las continuas crisis emocionales que fuiste sufriendo a lo largo de los últimos meses que culminaban con esto. Atrás quedaron grandes momentos: esa felicidad que considerabas perpetua, que de la noche a la mañana murió a manos de la ausencia. Recuerdas tu maduración, tu superación personal, tu superación social, tu auto-aceptación, cuando rompiste parcialmente con tu pasado que hacía crecerte exponencialmente y los malos momentos, pocos, quedaban en un trasfondo opaco. El cambio, el miedo al cambio. Los tiempos revueltos, quizá la peor época de tu vida, ocultación, caprichos, el verano aquel que te marcó, un mínimo crecimiento personal, una decadencia ligera… cambios, rebeldía inocente, accidentes, aceptación y vuelta a los cambios. Detrás de eso sólo quedaban vagos recuerdos que te parecían escalofriantemente felices.

Y recordando esos tiempos con tus últimas bocanadas de aire sigues preguntándote cómo aquel niño inocente ha terminado así, agonizando, pálido y frío tirado contra el suelo. Aquella persona cargada de vitalidad se ha ido desgastando. La voluntad, la felicidad, el afecto… todo murió. Te cansaste de dar siempre en grandes cantidades y recibir insignificantes dosis.

Pierdes la fuerza, los sentidos merman, la respiración se hace menos común y más lenta y costosa. Los planes de una nueva superación y total liberación murieron junto con tu cuerpo. Ya se acabó todo, ya estás satisfecho y feliz. Felicidades.