Hoy mi orgullo te castiga, te margina, te pone una cruz en
la frente y un punto final a tu lengua, la inquieta por lamerme las esquinas de
cada rincón de mi mente.
Hoy mi orgullo te castiga, porque te lo mereces. Por
cansarse de reverenciar a un dios sin piedad que patea corazones para dejar
clara su existencia.
Hoy mi orgullo te castiga, para mañana volver a preguntarme
por tu nombre y empujarme al oscuro infierno de tus pupilas.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada